Me levanto por las mañanas abro los ojos y miro de cerca
ese reflejo que forma el vapor de la ducha y mi mente empieza a divagar. Me
apresuro por llegar cada día más últimamente razones sobran, enigmas, señales
que buscar…
Es su aroma que deseo al abrazar, su olor, su temperatura
tenerla entre mis manos e imaginar y degustar su sabor, ese aroma que rompe y me cristaliza en segundos un
escalofríos que recorre mi espina dorsal.
Es como si me mirara fijamente y leyera mi mente y
viceversa, la observo detenidamente, detallada y guardo ese momento de color en
mi mente, iluminado con delicados relieves y texturas.
Y finalmente me decido a tomarla, a degustarla y destellos a
mi constelación escucho explotar sin fin de luces a imaginar y mirar por dentro
de mis labios ese sabor encontrar…
Y no aguanto ni un segundo más, por probar de nuevo ese
sabor de la taza de café que visito cada mañana… Pero de algo estoy seguro y es que mañana otro día será...
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