Era ella y en el mismo lugar era el.
Ambos se miraban de un extremo al otro, pequeños gestos, risas y murmullos.
Ella lo miraba y el se sonrojaba. El guiñaba y ella suspiraba. El tiempo era
temporal, estaba intermitente, de esos instantes que el tiempo es fugaz y que
desearías detener. Esos pequeños detalles que deseas enmarcar y colocarlo al
lado de tu cabecera para intentar soñar.
La vida es tan deliciosa que no, nos
detenemos a degustarla, tomar la cuchara más pequeña que encuentres y
simplemente degustarla, es tan fugaz que intentamos correr sin mirar de nuevo
atrás. Y dar unos pasos atrás no sería fatal sería una oportunidad a los
caminos no atravesados.
Esas sonrisas juguetonas, esos recuerdos
de infancia, serán solo recuerdos mientras ellos sólo se miren de su extremo,
ella su mente y el la suya.
Mientras tanto esperemos a que otros
visiten este café y sueñen a fantasear...